Viajando en la memoria

Cuando somos niños no necesitamos mucho para ser felices. Es más, ni siquiera entendemos muy bien el concepto de la felicidad, sólo lo somos y punto. Cuando nos llevan al parque, o a la playa, o al cine; cuando invitamos a un amigo a dormir a casa; cuando no nos mandan deberes en el cole; o cuando nos compran una gominola de 5 céntimos. Placeres sencillos (y baratos).

Yo de niña amaba el chocolate incluso más que ahora, si eso es posible. Y había una cosa que me hacía particularmente feliz: los bocadillos de Nocilla de casa de mis abuelos. Todas las tardes de lunes a viernes después de hacer los deberes, iba a su casa y mi abuela me preparaba tres rebanadas de pan Bimbo con Nocilla o, lo que es lo mismo, el oficialmente denominado: sandwich de 3 pisos. Me lo llevaba al salón y mi abuelo siempre, repito, SIEMPRE me decía: “¿Qué? Ya debes de estar terminando el edificio, ¿no?” No, no era la broma más original del mundo y, a base de escucharla todos los días ya ni te hace gracia. Como cuando unos años después llegaba de Madrid y me decía: “¡Hombre, la madrileña! ¿Que viniste en bicicleta?”. Me hacía esa broma todas y cada una de las veces que iba a su casa. Incluso varias veces.

Hasta que un día dejó de hacerla. Le empezó a fallar la memoria, sólo recordaba el pasado, pero le costaba reconocer a la gente. Eso sí, él no perdía el humor ni la alegría:

¿Sabes quién es, Manolo?

+ Siii, ¡Rosita! Y empezaba a cantar: Rosita de un verde palmar no sufras así, olvida a ese rubio oficial y quiéreme a mí, que amor con amor se paga ya lo verás, tarata taratarata taratará. (El final no lo tenía muy claro).

Un día, entré en casa de mi abuela y fui a su habitación. Estaba solo, le di un beso, me miró y me dijo: “Hombre, ¿que viniste en bicicleta?” Me quedé en shock, no sabía si reír o llorar. Creo que es la primera vez que lo cuento, en ese momento preferí guardarlo para mí. Disfrutarlo yo sola.

Poco después nos dejó, y ya nunca supimos el final de la canción, ni siquiera tenemos muy claro si de verdad la letra es así, pero os puedo asegurar que a día de hoy no hay ningún miembro de mi familia que no se sepa su versión. Esa que recordó hasta el final.

Me gusta pensar que si un día me falla la memoria, hay cosas de las que no me olvidaré. La primera, de él, de mi abuelo.

Y a eso dedico mi vida, a construir los recuerdos que quiero que me acompañen hasta el final. Guardo lugares en mi retina y canciones en mis oídos. Bailo con el mar y me transporto en aviones de papel y tinta como combustible. Aprendo a distinguir los diferentes sabores del mundo y recopilo todos los consejos bañados de cerveza que me dan mis amigas. Colecciono cicatrices y memorizo la piel de quien eriza la mía. Hago camino pisando mis miedos. Vuelo a por lo que me hace volar. Procuro no estrellarme contra mis ganas de mandar todo mi mundo a la mierda. Y aterrizo siempre sobre la gente que no necesita mirarme dos veces para saber que algo va mal.

De eso va mi lista de hoy, de pequeños lugares de España que no me gustaría olvidar nunca.

1. Playa de Paxariñas, en Portonovo (Pontevedra). Es una calita a la que voy desde que tenía 3 años. Al ser una playa pequeñita, te protege del viento el esos días en los que el sol no se decide a salir del todo. Además, puedes cruzar a la playa que está al lado, Montalvo, recorriendo un paseo por encima de las rocas desde el que se ven las islas Ons. Por supuesto, después de la jornada de sol, es obligado ir a probar el sabroso marisco de Portonovo, tomarte unas copas en el puerto de Sanxenxo (no Sangenjo, por favor madrileños, que a los gallegos nos sangran los oídos) y visitar O Grove, un pueblo pesquero un poco más alejado, pero que sin duda merece la pena conocer. Ah, especifico para los fans de la meteorología del telediario: en verano hace un tiempazo. Nada que envidiar al Caribe.

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2. Islas Cies: Otro paraíso gallego, no es de extrañar que las hayan nombrado Patrimonio de la Humanidad. Varios faros, pocos bares, playas de arena blanca y agua cristalina, el cielo más estrellado que he visto nunca y sólo una forma de dormir allí: en tienda de campaña. No cuento más, es visita obligada.

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3. Altea: Esta pequeña ciudad de Alicante me conquistó en un sólo día. Sus calles, sus casas blancas, sus rincones, sus terrazas y el ambientazo que hay, lo convierten en un lugar con muchísimo encanto. Además se come de vicio.

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4. Toledo: “La ciudad de las tres culturas”, donde se encontraban judíos, cristianos y musulmanes. Toda una colina repleta de edificios de piedra, castillos y callejuelas que hacen que te transportes al pasado. Yo cada vez que voy siento que estoy en Rohan, de El Señor de los Anillos, suena un poco friki, pero la realidad es que se podrían haber rodado allí algunas escenas de la película.

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5. Betanzos (A Coruña): Y por último pero no menos importante, mi pueblo. Podría hablaros de que el casco histórico tiene iglesias muy bonitas y le rodea una muralla del siglo XIII o que lo cruzan dos ríos, uno de ellos, el Mandeo, rodeado de montes impresionantes Reserva de Biosfera. Y no os mentiría. Pero prefiero resaltar su comida y su gente, que te hace sentir como en casa. Si vas, prueba la famosa Tortilla de Betanzos, dicen las buenas lenguas que es la mejor de España, y el pulpo del Pirri. Y vete de cañas y tapas por las Callejas, no me hago responsable de las consecuencias, porque en Betanzos sabes cómo empiezas, pero nunca cómo acabas. Es su magia, lo que nos hace volver siempre a los que estamos lejos.

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Lo importante es que vayas a donde vayas, te asegures siempre de tener una buena historia que contar cuando vuelvas. Una historia para recordar.

A mi abuelo, que sé que estará mirándonos desde ahí arriba con un cigarro en la mano.

Un beso,

Carmen

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Ana Martinez Vicente dice:

    Eres única …precioso lo que has escrito , recuerdos y recuerdos y todos bonitos …te quiero sobrina , espero verte pronto y sino habrá que ir a Perú… mis làgrimas estàn callendo encima del movil …

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    1. Yo también te quiero mucho, tía! Nos vemos pronto!! 🙂

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  2. sole dice:

    Ayss, por favor…no podría haberlo descrito mejor.Cuando el corazón es el alma de esa tan buena mano para escribir esos ” recordatorios” que nos transportan y nos hace sentir. De eso se trata, peto tú lo bordas. Desde ese rincón que es Betanzos el mejor de los abrazos, como digo siempre: un abrazo apretadito.
    Y a seguir en esa aventura que es vivir con alas de valiente.

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  3. zsayuno dice:

    ¡¡Muy buen post!!

    “Mini-corrección”: presumamos de que Betanzos es CIUDAD, no pueblo. Título que le otorgó el rey en su día y que, en la actualidad, ni Madrid goza de él, puesto que Madrid es sólo una villa… 😛

    Tenía que decirlo!!! Seguimos leyendo 🙂

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    1. Toda la razón 🙂 Gracias!!!!!

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  4. Biku dice:

    Me alegra ver que continúas escribiendo a pesar de lo liadilla que debes de estar con tu nuevo trabajo. Go on!

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