Oído, chef

¿QUÉ HAGO CON MI VIDA?“. No, no miréis para otro lado, todos nos hemos hecho esa pregunta en algún momento. Quien diga que no, miente.

El momento “¿qué hago con mi vida?” llega cuando no sabemos qué estudiar, o no encontramos trabajo, o ya lo tenemos pero estamos hartos de que nos exploten. O ese otro momento en el que sabes que te mereces que te traten mejor que la persona que tienes al lado. O que simplemente os ha podido la rutina y ya no eres completamente feliz. O esa etapa en la que se supone que tienes que casarte y tener hijos porque lo dice el Papa, aunque a ti no te apetezca ni un poco. Es ese punto de inflexión en el que tienes que decidir entre hacer lo que quieres o lo que supuestamente debes. Entre el miedo al cambio o lo cómodo de la costumbre de lo ya conocido.

Hoy os voy a hablar de un chico al que, como a muchos, le surgió esa duda con 18 años (esa cruda edad en la que se ha establecido que ya eres mayor para beber alcohol legalmente y para decidir a qué te quieres dedicar el resto de tu vida. Vaya mezcla). Así que decidió irse un tiempo lejos para conocerse mejor a sí mismo y pensar qué era lo que realmente quería.

Y se fue a Londres.

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Allí le llamaron de un restaurante indio, Benares, imaginaba que para trabajar de “friegaplatos”, ya que es común empezar así en la ciudad de las mil caras. Pero cuando llegó a la entrevista le ofrecieron trabajo como cocinero. Él no había probado la comida india en su vida y no tenía ni idea de inglés, pero aceptó el reto y se puso por primera vez la chaquetilla.

El principio fue duro: “Tráeme una berenjena”, y él llevaba un pepino. “Tráeme un pepino”, y él llevaba una berenjena. Semanas y semanas luchando contra las mil horas de trabajo, la presión de la cocina y su Sorry, I don’t speak English.

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Hubo días de llorar al llegar a casa, días de querer mandarlo todo a la mierda, pero siempre había algo que le hacía seguir. Y poco a poco fue aprendiendo el idioma, apreciando los sabores tan diferentes de la cocina india y desprendiendo adrenalina con cada Yes, chef. Fue sintiendo que dentro de todo ese agobio, había algo que le emocionaba.

Le llenaba.

Así fue como se dio cuenta de que ya sabía lo que quería ser de mayor: COCINERO. Y fue luchando por ello, superándose a sí mismo, primero en Four Seasons y luego en Ametsa con Instrucción de Arzak. Hasta ahora, en Astrid y Gastón. Fue creciendo como persona y como profesional hasta que ese chico que se fue siendo un niño que no sabía lo que quería, volvió siendo un hombre con un sueño.

Sí, por supuesto, estoy hablando de él. De la cara oculta de este blog, el que me propone temas, me aclara los conceptos gastronómicos que desconozco y le da el visto bueno a mis entradas antes de publicarlas. Mi partner in crime: Oswal.

El mismo que me ha cocinado riquísimos platos ¡DOS VECES! No, no es broma. Hace un poco más de un año que le conozco y sólo me ha cocinado unos espaguetis y un ceviche. Trabaja muchísimo y en sus días libres salimos a comer fuera. Ya sabéis que en casa del herrero, cuchillo de palo. Pero eso no es lo peor. Lo gracioso es que encima de no cocinar, me tortura con documentales, películas, libros, fotos de Instagram y todo tipo de documento gráfico habido y por haber sobre chefs, restaurantes y comida que, seguramente, no llegue a probar nunca.

Definitivamente, salir con un cocinero ¡da hambre!

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Pero tengo que admitir que, a él no se lo contéis, todo eso me gusta. Me encanta ver como alguien se apasiona por su profesión de esa manera. Y me alucinan los valores que transmite: el respeto que se tienen unos a otros dentro del gremio y las ganas insaciables de aprender.

En la gala de los ELLE Gourmet Awards 2016, Massimo Bottura, galardonado como Mejor Chef Internacional, dijo unas palabras que me hicieron reflexionar: “Yo vendo emociones, no comida. La comida ha de llegar al estómago a través del corazón”. Y es cierto que eso es lo que consiguen los grandes cocineros, crean emociones porque le ponen a cada bocado un poco de ese amor que sienten ellos por la cocina.

Por eso, cuando Oswal llega a casa después de currar y me habla de las anécdotas de ese día en la cocina: que “estaban en la mierda” y tuvo que correr como loco para sacar el servicio, que mañana va a ir una hora antes para hacer el mise en place porque no le parece suficiente las 25 horas que trabaja al día… Y me lo cuenta con  una sonrisa en la cara, con el brillo en los ojos de un niño que acaba de marcar el gol de la victoria, a mí se me cae la baba, me enamoro un poco más y me siento muy orgullosa de tener a mi lado a una persona que lucha por sus sueños con esa ilusión y fuerza.

Os cuento esto porque si algo he aprendido de su historia es que da igual en el momento de tu vida que te encuentres, si tienes 18 años o 50, nunca es tarde para dejar de lado lo cómodo y lanzarte a lo que te llene de verdad, ya sea una profesión, un hobby, un lugar o un amor imposible. Aunque requiera esfuerzo y sufrimiento por el camino, merece la pena. Porque nunca se sabe dónde está tu pasión, pero estoy segura de que si fuese el último día de tu vida, te gustaría haberla encontrado.

A mí al final no me quedó más remedió que ceder al mundillo y esta es una lista de algunos descubrimientos gourmet que he hecho este año y que me han conquistado:

Nakeima

Mi último descubrimiento en Madrid y, por ahora, mi restaurante favorito. No hacen reservas, el único modo de comer o cenar ahí es hacer cola para conseguir un hueco en uno de sus 20 cubiertos. Una vez dentro: una barra, un par de mesas y un menú único y delicioso. Si vais, intentad sentaros en barra para ver cómo trabajan en la cocina y pedid maridaje, la selección de vinos es realmente buena. Además el equipo tiene muy buen rollo y consiguen que te lo pases genial mientras comes.

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Chef’s Table: Alex Atala

La idea de este post surgió después de ver este documental, en el que Alex Atala confiesa que él no eligió ser chef. A los 19 años decidió que Brasil se le quedaba pequeño y se fue a Europa, donde, para conseguir los papeles se le ocurrió apuntarse a una escuela de hostelería. Hoy es uno de los mejores chefs del mundo. Así de curiosa es la vida. Os recomiendo echarle un vistazo.

No sólo de caviar vive el hombre

En plena Segunda Guerra Mundial, el protagonista de este libro se ve obligado a trabajar para el servicio secreto alemán, más tarde para el británico y por último, el francés. Entre tanta locura, siempre se las arregla para convencer a los agentes de dejarle cocinar y nos detalla las recetas de cada uno de los platos que prepara y que, muchas veces, le salvan de algún enredo.

Chef

Una comedia en la que un cocinero de renombre (Jon Favreau) pierde su trabajo porque se niega a seguir el patrón que le dicta el jefe del restaurante y termina montando un puesto ambulante de comida cubana, asociado con su exmujer (Sofía Vergara), su hijo y un amigo. ¡Muy graciosa!

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ELLE Gourmet

Soy incondicional de la edición de ELLE más sabrosa. Cada temporada la compro para ponerme al día de los restaurantes que están despuntando, leer sus apetitosos reportajes y guardar recetas originales.

Gracias por leerme y gracias Oswal por compartir conmigo tu pasión.

Un beso,

Carmen

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Sole dice:

    Carmen, Carmen …te quiero y tú lo sabes…estribillo conocido, pero en este caso cierto. A ti también se te nota esa pasión por ” redactar” de forma apasionada, tal que nos enganchas a más de uno. Leyendo tus posta a veces es como si yo misma me hablase…cuanta razón y razones hay en la vida!! Apuntamos tus recomendaciones y desde luego ese Chef que te acompaña es un luchador incansable.

    Un abrazo apretadito.

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  2. No es casualidad que admirando la pasión ajena mimes a la vez la tuya: ” Everything happens for a reason ” clearly!

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