El principio de incertidumbre

No sé vosotros, pero a mí me encanta empezar cada año estrenando agenda para marcar los días festivos y planificar viajes, escapadas y retos. Por supuesto a medida que pasan los meses se llena de borrones eliminando unos planes y añadiendo otros. Apenas ha empezado 2017 y ya sé en que cae la Semana Santa y he planificado que en septiembre quiero recorrerme Colombia de punta a punta. Quién sabe, igual este año se cumple.

En realidad creo que es una buena forma de motivarse y plantearse metas, no quedarte estático, pero he de reconocer que no siempre es positivo. A veces el hecho de que no se hayan cumplido mis propósitos me ha creado frustración. Uno de esos momentos fue mi último año en Madrid. Me tocaba dejar la ciudad que me había acompañado 6 años, rompí la relación con el chico que llevaba acompañándome 10 y se me acababa el contrato en la revista YO DONA, que sólo llevaba conmigo 9 meses pero me había ayudado a decidir por dónde quería guiar mi carrera periodística. Vaya que lo de año nuevo, vida nueva nunca había sido tan real.

Activé el protocolo de crisis y al instante mi consejo de sabias se puso en acción. Si los políticos fuesen tan efectivos como mis amigas solucionando problemas, no habría paro en España. Entonces, a mi amiga Rocío, alías “La Teorías” (ahora lo entenderéis), no se le ocurrió mejor idea que empezar a hablarme de física cuántica. Yo flipando, pero confiando en que al final todo tendría un sentido. Siempre lo tiene.

Así que me contó la paradoja del Gato de Schrödinger. Este experimento consiste en meter un gato en una caja opaca, en su interior se instala un detector de electrones y un martillo, y justo debajo del martillo un frasco de cristal con veneno. Entonces lanzan un electrón, si el detector lo capta, se activará el mecanismo, el martillo se caerá, romperá el frasco y el gato, al inhalar el veneno, se morirá. De lo contrario, si el detector no capta el electrón, el gato vivirá. Ambas opciones son posibles, fifty-fifty. Pero la teoría no se queda ahí, sino que propone que el electrón al lanzarlo tome varios caminos a la vez, de forma que por un lado el mecanismo se activa y por otro no, pero ambos casos suceden a la vez. El gato muere y el gato vive. Pero curiosamente cuando abrimos la caja, nosotros sólo veremos al gato vivo o al gato muerto. ¿Qué ha ocurrido? Por un lado que el gato no atiende a la teoría cuántica, porque no es una partícula subatómica aislada, sino que es un ser grande. Por otro, nosotros al abrir la caja, contaminamos el experimento y alteramos el resultado del mismo.

A estas alturas seguramente estéis tan perdidos como lo estaba yo en ese momento, pero aquí viene la relación: Según mi amiga, esa teoría explicaba la forma en la que vemos el mundo. Ella me decía que todo es una probabilidad, así que tenemos que aprender a convivir con esa incertidumbre, con que a veces las cosas salen como queremos y el gato vive y otras salen mal y el gato muere. Pero mientras no suceda, mientras la caja está cerrada, no vale la pena obsesionarse con saber qué pasará. Lo único importante es disfrutar de esa incertidumbre y, así, cuando abramos la caja, veremos lo que queremos ver.

Estas navidades me acordé mucho de eso, ya que pasé la Nochevieja ayudando en la cocina de Astrid y Gastón. Una experiencia alucinante. Por fin pude ver cómo va aumentando la tensión durante el servicio y ahora entiendo mejor la adrenalina de la que me habla Oswal. Pero entre comanda y comanda no podía dejar de pensar que si hace un año alguien me dice que iba a pasar esta Nochevieja emplatando en un restaurante de Perú, le hubiera dicho que no se tomase el siguiente chupito de jäger. Y es que en los últimos años mi vida planificada al detalle se ha convertido en un ir y venir de aviones y ciudades diferentes, de decisiones tomadas al azar y por instinto… Y de incertidumbre, de mucha incertidumbre.

Y la verdad es que disfruto de ello. “La Teorías” tenía razón.

Así que estoy arreglando mis papeles para quedarme un tiempo más en Lima, no sé cuánto, ni sé cuál será mi siguiente destino, ni lo pienso demasiado. Que pase lo que tenga que pasar cuando abra la siguiente caja. Mientras tanto, os contaré cómo es aquí un día de ocio perfecto:

Desayuno en El pan de la chola.

Llama la atención desde la calle una enorme cristalera desde la que se puede ver un local decorado al más puro estilo londinense o berlinés. Una estética modernista, con las tuberías estratégicamente a la vista, las bombillas descubiertas y mesas de madera de todos los tamaños. A mí me ganó con una grande redonda situada en el medio (me encantan las mesas redondas). Se trata de una panadería artesanal, al fondo del local puedes ver su superhorno y una barra grande repleta de bollería y fruta. A mí me gusta desayunar tostadas, café y zumo de naranja y zanahoria (completito), pero si vais a comer os recomiendo un sandwich o una de sus deliciosas pizzas. Suelo ir yo sola y aprovechar para escribir, por lo que me paso allí la mañana entera. He de reconocer que a veces a media mañana me pido también un bizcocho de plátano, no vaya a ser que pase hambre…

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Paseo por el malecón de Miraflores. 

Además de lo impresionante que es ver el Pacífico, todo el paseo está muy bien cuidado, con amplitud de zonas verdes, un carril para bicis, otro para correr y parques, como el del Amor, con bancos pintados con frases inspiradoras. Por cierto, cualquier parque de Lima está plagado de parejas, ahí se puede percibir lo “romanticones” que son los peruanos, sobre todo si los comparamos con los españoles. Algo que me llamó mucho la atención cuándo llegué fue la cantidad de circuitos de barras que hay a lo largo de todo el paseo, y siempre llenos de gente. La verdad es que es una gozada hacer ejercicio con esas vistas.

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Lo mejor del Malecón es ir sobre las 6pm y ver la puesta de sol, el cielo se tiñe de colores desde el naranja hasta el rosa, es una auténtica pasada. Aunque por la noche también tiene su encanto ver la inmensidad del mar oscuro frente a todas las luces de Lima.

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Comer un buen ceviche

Ya os he hablado de mercados y bares de calle, pero los días especiales subimos un poco el nivel para disfrutar del pescado fresco de La Mar. Encabezado por “el capo de la gastronomía peruana”, Gastón Acurio, es el Nº 11 de la lista de los Latin America’s 50 Best Restaurants y su precio es bastante asequible dentro de los restaurantes de ese nivel. Me encanta el ambiente del local, de estética náutica y con grandes como Carlos Santana sonando a volumen alto. Su carta cambia cada día según la pesca, y esa frescura se nota en el sabor. Todos los platos que he probado son de muchísima calidad, pero si tengo que recomendar uno, el pulpo a la brasa me parece el más especial.

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Baño en el Pacífico

De camino a casa, lo ideal es parar en la Playa Makaha, para sentir el ambiente surfero de la ciudad. Está plagada de puestos donde te ofrecen clases para enseñarte a, como dicen aquí, correr tabla. Pero si todavía no te ves muy desenvuelto, puedes luchar contra las olas dándote un bañito.

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Noche en Barranco.

Le llaman el barrio bohemio y, aunque yo creo que de eso le queda poco (se ha vuelto bastante turístico), sí que mantiene cierto encanto con casitas de colores, grafitis con un montón de arte, gente tocando por la calle y bastantes puestos de bisutería típica de Perú. Es curioso que la iglesia de la plaza principal suele estar repleta de buitres. Si te sitúas mirando hacia ella, a su izquierda hay un pequeño camino que da a un mirador, la puesta de sol desde allí también merece la pena. Después de la ruta turística, ya el cuerpo pide unas cervezas. Barranco es el sitio perfecto para ir de bares y pubs. Eso sí, si eres de los que le gusta trasnochar, no llegues muy tarde al último local, suelen cerrar las puertas pronto, aunque dentro siga la fiesta.

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Espero que os haya gustado, todavía no sé cuándo publicaré mi siguiente post y sobre qué tratará. Espero que me perdonéis y disfrutéis de la incertidumbre.

Un beso,
Carmen

 

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Sole dice:

    Carmen, cierto es que la vida es mejor en el presente, lo pasado se escribe y recuerda para darse cuenta que el tiempo, ese que es tan importante para continuar, para que cada uno disponga según su destino. A veces se presenta con un cambio de tercio y allá van los propósitos!!, lo mejor, se hacen otros o se inventan. Como veo e imagino que sigues ” llenando ” tú interesante vida de aprendizajes y esos ” despertares” , de los que siempre hablo, me enorgullece ser tú prima , en grado 2, porque lo soy de tú padre… En fin , como te he visto nacer…crecer…y ser esa mujer valiente, espero con ansia , estas ” recetas” tan suculentas de ingredientes ricos en experiencia.
    Un besiño, o dos…para cada uno.

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