De Londres al Amazonas

Vamos a bebernos la vida de un trago,

vamos a fumárnosla a pulmón,

vamos a salirnos del recuadro,

vamos a seguir torciendo el renglón.

Enero de 2017. Perú. Voy en el avión escuchando música, de vuelta de un viaje increíble por el Amazonas. Oswal duerme y de pronto empieza a reproducirse una canción que me enseñó él poco después de conocernos, cuando vivíamos en Londres. Y en cuanto escucho los primeros acordes, me teletransporto a esa época. La música, ya sabéis, sonando siempre en los momentos más oportunos, para hacernos recordar, para alegrarnos el día o para amargárnoslo, también hay que decirlo. Miro a Oswal y viene a mi cabeza un momento concreto.

Enero de 2016. Londres. Un chico y chica en el típico pub inglés. Con dos pintas de más y ninguna de menos. Hablando, riendo, intentando disimular la tensión que ya ha notado hasta el camarero. Y una conversación de esas que sólo surgen en esos momentos en los que te lo estás pasando tan bien que firmarías que ese instante fuese un poco menos efímero. Que eso que te hace sentir la cerveza fuese un poco más real.

Sí, somos Oswal y yo. Ese día me propuso por primera vez que me fuera a Perú con él, que “¿por qué no? Podríamos pasárnoslo pipa juntos”. Yo decía que sí, que podía ser, aunque en mi cabeza pensaba que este chico era un profesional del ligoteo. Algo que sospechaba desde que el verano anterior, pocos días después de conocernos, le escribí “¿cómo acabaste la noche?” y me contestó “sin ti”.

SIN TI, dice el Don Juan este. Le vacilé durante meses por eso. Pero la realidad es que estamos aquí, en Perú, un año después. Y ahora es él el que se ríe.

Como os decía, estoy volando a Lima de vuelta de la selva y en este post os quiero contar todo sobre este viaje, ya que fue de los más mágicos que he hecho. Así que, ya que esto va de saltos en el tiempo, retrocedamos al principio de la aventura…

Son las 20:15 del lunes 23 de enero, en 1 hora y cuarto sale nuestro avión a Iquitos, la ciudad más grande del mundo a la que se accede sólo por agua o por aire (algo que repiten orgullosos los iquiteños). Lo lógico es que en ese momento estuviéramos en el aeropuerto, o llegando. Pero no, estamos cogiendo el taxi y al conductor, sin ninguna intención de sembrar el pánico (pero lo hace), le cambia la cara cuando le decimos la hora a la que despega el avión: “Intentaré saltarme la caravana, pero van ustedes muy justos”.

20:50. Pasan los minutos y las luces de los coches de Lima van aumentando por momentos.

– Ya fuimos a Iquitos eh, Oswal

+ Tranquila que llegamos

Y llegamos. Justos, pero llegamos.

Welcome to the jungle.

En cuanto nos bajamos del avión, a pesar de ser ya casi las 12, notamos el pelotazo de calor húmedo. Suerte que esa noche nuestro hotel tenía piscina (gracias Biku por ese detalle), así que celebramos la llegada con una cervecita y un chapuzón.

Día 1: ¿Perú o Tailandia?

Después de disfrutar del maravilloso desayuno continental que aparece en la web del hotel (zumo de bote, café de sobre y tostadas sin tostar) pedimos dos mototaxis, un transporte que ya casi no se ve en Europa, pero en Perú lo encuentras en cualquier ciudad. Arrancamos y nos dirigimos al centro para buscar un hostal para esa noche. ¡Y empieza el caos! Tres mototaxis de frente, dos a los lados, autobuses por el medio, baches, baches, más baches… Y velocidad. Mucha velocidad. Por el camino nos sorprendimos con la cantidad de puestos de comida y algo muy curioso: peluquerías a pie de calle. Los peluqueros ponen una especie de tocador al aire libre y allí cortan el pelo. Eso que se ahorran en barrer, oye, ya se lo llevará el viento. Esto es la selva, ¿no?

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Aunque nunca he estado en el continente asiático, el ambiente me recuerda a las historias que me han contado sobre países como Tailandia.

Una vez que ya hemos conseguido hostal y después de probar la limonada de coco en un bar del mercado central (os recomiendo probarla, es deliciosa), preguntamos a Cristian, uno de los conductores de mototaxi, por el barrio de Belén. Nos advierte de que aquello “es como una favela”,  que no debemos ir solos, así que se ofrece a ser nuestro guía.

Sorprende que Belén sea uno de los sitios con mayor atractivo turístico de Iquitos. A pesar de ser un lugar muy auténtico y con un mercado riquísimo en todo tipo de productos, se percibe la pobreza en todos sus rincones. Allí puedes encontrar múltiples frutas y pescado típico de la selva, así como lagarto, armadillo o unos gusanos llamados “suris” (los probé, sí, y me gustaría decir como Pumba “viscoso, pero sabroso”, pero la verdad es que no saben a nada). En cuanto te adentras, llegas a los canales. Si buscas en google el Barrio de Belén encontrarás algún artículo que lo defina como la Venezia de Perú, pues nada más lejos de la realidad, lo único que tiene en común es que hay que recorrerlo con canoa. En Belén las casas son precarias, de madera, sobre un río que no hay más que verlo para intuir su contaminación. Eso sí, las vistas son preciosas y yo me quedo con la imagen de los niños bañándose felices. Bendita inocencia.

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Al bajarnos de la canoa, Cristian nos aclara: “quería que vierais la realidad de mi ciudad”.

Duro, pero es importante no cerrar los ojos a la otra cara del mundo.

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Esa noche salimos a cenar y a tomar unos tragos típicos de la selva en un bar construido con madera en lo alto del río. Cuando apagaron la música, el sonido de los grillos y los sapos era totalmente mágico. Ah he de decir que Oswal me enseñó ese día a jugar al ajedrez (sí, no sabía) y le gané dos veces. Jaque mate, Os.

Día 2: Nos adentramos en la selva

Dejamos nuestra aventura en la selva en manos de Jacamar Lodge Expedition y la recomiendo firmemente si decidís hacer este viaje algún día. El que sería nuestro guía durante los 3 días, Alex, nos recogió a las 9 en el hostal y nos llevaron al puerto de Nanay, donde cogimos un barco que navegaría por el río del mismo nombre, y en el que vimos delfines de río, hasta llegar al Amazonas. Después de navegar 2 horas, llegamos a un pueblecito en el que debíamos cambiar a una canoa más pequeña para adentrarnos en el río Yanayacu, donde se encontraba nuestro alojamiento. Nos hizo mucha gracia que uno de los niños del pueblo tenía un oso perezoso como mascota.

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En 10 minutos habíamos llegado al destino, una cabaña en lo alto, allí todas las construcciones son así para evitar inundaciones, ya que en época de lluvias aumenta notablemente el caudal del río. Dejamos las cosas en el cuarto y nos llevamos la primera sorpresa: mientras me duchaba me encontré con nuestra amiga tarántula, que conviviría con nosotros los 3 días. Aunque entrábamos muertos de miedo al baño, decidimos dejarla ahí, ya que al fin y al cabo somos nosotros los que estamos invadiendo su casa. Regla de la selva.

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Comimos e hicimos nuestra primera excursión: La isla de monos. Fue uno de los mejores momentos del viaje. Oswal (que es medio mono también) no podía parar de jugar mientras los primates le vacilaban, incluso uno de ellos llegó a abrirle un bolsillo de la mochila y robar las cosas que había dentro. ¡Son auténticos traviesos!

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De vuelta a la cabaña, cenamos con un grupo de 15 amigos israelíes que llevaban allí un par de días más y luego uno de los guías nos contó historias de la selva, como la de un hombre que se perdió en ella 9 días. Dicen que si desapareces más de 4 días en la selva, te dan por muerto. Él logro sobrevivir tumbánose en el suelo y cubriéndose con su esterilla. Mucho valor.

Esa noche hubo una tormenta como nunca habíamos visto antes, se iluminaba todo el cielo, dejando ver la sombra de los árboles, una auténtica pasada.

Día 3: En busca de serpientes

Después de desayunar, fuimos a conocer una tribu indígena. Pudimos probar su cerbatana, bailar sus danzas y comprar su artesanía, hecha con piezas de animales de la selva, como las escamas del paiche o los dientes de la piraña, con semillas y con paja. Nos llevamos un montón de cosas, pero daban ganas de comprárselo todo, estaba hecho con mucho gusto.

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Cogimos fuerzas en el lodge y nos preparamos para adentrarnos en la vegetación. Hicimos una expedición de dos horas en la que pudimos ver todo tipo de plantas medicinales, árboles con raíces alucinantes, hormigas cargando hojas el doble de grandes, monos, roedores… Incluso atravesamos un riachuelo en el que el agua nos cubría hasta las rodillas sin ver lo que podía haber ahí abajo. Por suerte todos seguimos teniendo dos piernas. Lo que no tenemos es tanta sangre… ¡Nos acribillaron los mosquitos! Una nube de ellos nos perseguía todo el camino, ni el repelente pudo con ellos. Hoy estamos todos llenos de picaduras, pero mereció la pena, volveríamos a adentrarnos entre tanta naturaleza que parece otra dimensión.

Al llegar al lodge nos dimos un bañito en el río para refrescanos.

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Pero la adrenalina no se había acabado, esa noche cogimos nuestras linternas y salimos en canoa en busca de animales. Es asombrosa la capacidad que tienen los guías para encontrarlos. Íbamos todos con las linternas apagadas, sólo él iluminaba y decía donde parar. Primero pudimos ver un cocodrilo pequeño, aunque estaba bastante escondido, por lo que dificilmente podías ver algo más que la cola. Pero el plato fuerte vino después. Seguimos avanzando con la canoa cuando el guía nos advirtió de que acababa de ver una serpiente. Al alzar la vista pude ver dos ojos brillantes y el cuerpo de una anaconda moviéndose mientras acechaba a un pájaro. Nuestro guía no dudó en acercarse y capturarla para enseñárnosla. Oswal la cogió en sus manos, yo… ¡Prefería encargarme de la cámara!

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De vuelta al lodge, nos quedamos todos en silencio, con las linternas apagadas, sólo escuchando el ruído de la selva. Es asombroso la cantidad de animales que se escuchan, desde luego perderse ahí con esa banda sonora tiene que ser aterrador.

Esa noche cambiamos las almohadas del cuarto y las pusimos mirando hacia la ventana, pudimos ver un montón de luciérnagas mientras escuchábamos de fondo el sonido de la selva. Fue mágico.

Día 4: Pesca de pirañas

Esa mañana cargamos la canoa con las cañas y pedacitos de pollo y fuimos en busca de pirañas. La verdad es que fue un auténtico desastre, ¡devoraban nuestro pollo pero no picaba ni una! Menos mal que estaba nuestro guía Alex, que pescó cuatro y pudimos probarlas en la comida. Eran pequeñitas pero estaban realmente sabrosas.

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Tocaba navegar de vuelta a Iquitos y, aunque ya nos picaba todo el cuerpo, no teníamos ningunas ganas de irnos.

Día 5: Vuelta a la realidad

El último día de la avenura aprovechamos para conocer mejor el malecón de la ciudad y acercarnos al Centro de Rescate Amazónico, una reserva en la que se ocupan del rescate, rehabilitación y liberación de los animales en peligro de la zona, como los manatees. La verdad es que salimos de allí contentos de haberla visitado porque la labor medioambiental y educativa que hace la organización realmente merece la pena.

Después de unas cuantas partidas de ajedrez, nos fuimos al aeropuerto, se había terminado la aventura, pero estoy segura de que volveremos.

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GRACIAS Oswal por este viaje, por hacerme más valiente. Por esos momentos en los que tenemos que decir en alto que estamos juntos en Perú, porque nos parece surrealista. Porque ya no tengo que preguntarte cómo acabaste la noche. Y porque tú ya no respondes más “sin ti”.

¡¡Y gracias a vosotros por leerme!! Nos vemos el próximo jueves, voy a intentar publicar con mayor periodicidad, ¡prometido!

Un beso,

Carmen

4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Sole dice:

    Hoy le daré honores a Osw, caramba. caramba eso si que es un hombre!! Aventurero, valiente… La próxima aventura si se tercia, ir a la selva de Perú, ya tenemos a un buen acompañante!!! Enhorabuena por haber elegido a mi primita. Admiro su capacidad camaleónica, puede estar aquí tan mona ella, estilos a y piji.hippy! , y en un plis plas, en la selva como pocahontas!! Esta mujer promete, ya va cogiendo carrerilla.. Cual será la próxima …esta me ha entusiasmada… Sobre todo la vivida en la selva… Todavía me pica el cuerpo de mosquitos imaginario s!!!,
    A la espera… Aquí estamos con los temporales de siempre, ni mejores ni peores…
    Un besiño para los dos aventureros más guapos que conozco!!!!

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  2. lucia dice:

    Simplemente guauuuuuuuu, aqui nos morimos de envidia y os damos las gracias por hacernos viajar un poquito con vuestras historias. Otro gran post chicos, felicidades !!! Bicos a moreas para los dos

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  3. A really great description of a trip down the Amazon

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  4. Doy la enhorabuena a mi hijo Oswaldo por haberse enamorado de Carmen, una reportera muy especial!
    Gracias Carmen por esta apasionante crónica que inmortaliza esos inolvidables momentos que disfrutamos juntos…

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