¿Un huayco o un vaso de agua?

Puede que hayas nacido en la cara buena del mundo,

yo nací en la cara mala,

llevo la marca del lado oscuro

Cuando era pequeña comía muy poquito y mi madre, como casi todas las madres, me decía que pensase en los niños que se mueren de hambre. A lo que yo le contestaba que entonces le diera la comida a ellos. En ese momento no entendía que lo único que quieren transmitirnos nuestras madres es lo afortunados que somos por tener un plato de comida cada día. Estas semanas, como habréis visto en las noticias, están siendo muy difíciles en Perú… Y por fin he logrado sentir eso que me quería transmitir mi madre: sentirme muy afortunada.

Seguramente si os pregunto cuál ha sido la decisión más difícil de vuestra vida, me contestéis cosas como elegir qué estudiar, dejar una relación, independizarte, mudarte de ciudad, cambiar de trabajo… No quiero dar a entender que nuestra vida es fácil, o que nuestros problemas no son importantes, pero cuando miro a mi alrededor en este país, cuando visito lugares como el Barrio de Belén en Iquitos, me doy cuenta de lo mucho que nos quejamos por cosas que no tienen tanta importancia.

Nos quejamos porque hace frío en invierno y demasiado calor en verano, nos quejamos porque no tenemos trabajo y también por madrugar, nos quejamos porque llueve y por no tener agua, nos quejamos porque hay mucho tráfico y también porque la gasolina es cara, por la contaminación y por tener que pagar las bolsas de plástico en el súper, nos quejamos porque queremos más libertad y luego nos frustramos porque no sabemos qué hacer o qué decisión tomar.

Y de repente encendemos la televisión y vemos ríos que se desbordan y ciudades que se inundan. Mareas que se llevan casas, coches, autobuses y esperanzas. Personas perdiéndolo todo. O perdiendo la nada. Porque eso es lo que tienen: nada comparado con lo que tenemos nosotros. Y muchas más razones para quejarse. Para preguntarse por qué a ellos.

Mientras nosotros nos quejamos, el fenómenos de El Niño Costero arrasa Perú. A día de hoy ha dejado 78 muertos, y 100 mil damnificados. Los “huaicos” o desbordamientos de ríos no dan tregua a 12 regiones del país y toda la ayuda que llega es poca. Hay personas perdiendo sus casas, colegios destruidos, niños que no encuentran a sus padres. Hay casi 8 mil viviendas inhabitables. O lo que es lo mismo, familias enteras que se han quedado en la calle.

La semana pasada amanecimos sin agua, estuvimos sin ella casi tres días y en los supermercados estaba totalmente agotada. Pero esta vez Oswal y yo no nos quejamos, al revés, no pudimos evitar sentirnos afortunados. Afortunados por despertamos en una cama, con un techo y con un montón de mensajes desde España preguntándonos si estábamos bien. Pero sobre todo, afortunados por poder elegir cómo queremos vivir. Por tener oportunidades.

Aprovechémonos de todo eso. Dejémonos llevar por las corrientes que nos hagan felices, echémosle flotadores al asunto, apoyémonos en nuestros botes salvavidas, nademos en dirección contraria a los problemas, bailemos sobre las olas y aprendamos a distinguir entre un  huayco y un vaso de agua.

Porque al final la vida sólo va de eso, de salir a flote.

FUERZA, PERÚ. No estáis solos.