Volver (o no)

Sentir que es un soplo la vida,

que veinte años no es nada

 

Te fuiste despidiéndote con lágrimas en los ojos, un nudo en el estómago y las mismas ganas que miedo.

Viviste la aventura como algo pasajero, siempre teniendo presente esa inminente vuelta. Idolatrando el sol español, la cerveza bien fría, las noches de fiesta hasta el amanecer, las copas sin medidor, el pulpo, la tortilla, la paella, el mar, tu cama, tu familia y tus amigos.

Repetiste hasta la saciedad eso de… La verdad es que como en España en ningún sitio.

Deseaste volver en vacaciones y se te hicieron cortas. Costó el regreso a ese país. Ese que empiezas a sentir “casa”, pero que, cojones… ¡no lo es!

Viviste la aventura como algo pasajero, siempre teniendo presente esa inminente vuelta. Y volviste. Pero ya no es lo mismo.

Ya no eres el mismo.

Porque esa experiencia te ha hecho más fuerte, más independiente, más tuyo, menos de ningún sitio y muchísimo menos de nadie. Al final eso de luchar cada día con un idioma diferente y trabajar duro para ganarte la vida tiene algo de adictivo.

Afán de superación lo llaman.

Y engancha.

Has visto lo que puedes dar, lo que puedes descubrir por ti mismo, los lugares, culturas y personas increíbles que hay más allá de las fronteras.

Y ya te has cansado otra vez del pulpo y de la tortilla. Con tus amigos ya no tienes casi nada en común. Vuelves a sumergirte en las entrevistas de trabajos precarios. Y, encima, las cervezas, frías o no, sabían mejor con ese regustillo final a libertad.

Ese ingrediente agridulce que sólo da lo pasajero.

Lo llaman “choque cultural inverso”. Es esa sensación de sentirte extranjero en tu propio país.

Tengo una nota en mi móvil que dice lo siguiente: “Irte lejos es vivir en una realidad paralela en la que nada importa demasiado”. No sé a cuento de qué venía, a veces escribo cosas y se me olvida el por qué, pero me gusta encontrármelas y adivinar qué es lo que sentía en ese momento. Esta vez creo que entre líneas puedo leer justo eso:

Este país empieza a ser “casa”, pero, cojones… ¡no lo es!

Con lo bueno. Con lo malo.

Volver. O no.

recetas de un viajero volver (3)

*Fragmento del libro Innormal, de Carlos Miguel Cortés.

Un beso fuerte,

Carmen.

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