Un movimiento “healthy”

Cuando mi sobrina Alicia era pequeña, como casi todos los niños, no paraba ni un segundo.

Un día de esos de madrugar, ir al colegio, a clase de ballet, luego de inglés, jugar en el parque, cenar y dar un poco la lata en casa, llegó la hora de acostarse y no se dormía. Aparecía cada dos minutos en un salón en el que sus padres y yo intentábamos seguir una película sin darle a pause continuamente. Ante la desesperación de mi hermana, decidí ser yo quien la llevara a la cama, como quien… Déjamelo a mí, a la Supertía Bambi.

La metí de nuevo en la cama y le pregunte muy dulcemente y con una sonrisa en la cara: ¿Ali, no estás cansada? (mientras una vocecilla en mi interior decía: ¡¡porque yo sí!!). ¿Sabéis cuál fue su respuesta?

Bambi, yo nunca estoy cansada.

Le di un beso y volví al salón, donde ella aparecería al rato. Mis superpoderes de tía, obviamente, habían fallado y la película jamás la llegamos a terminar, pero esa respuesta, además de hacerme mucha gracia, me hizo recapacitar.

¿Qué narices les pasa a los niños? ¿Qué clase de cambio drástico es ese de dormir 25 horas al día cuando son bebés a tener más energía que las pilas Duracell?

Ya que no soy una experta en el tema y no he encontrado una teoría científica que vaya más allá de aquello que dice que “los años no pasan en balde”, me he permitido crear mi propia respuesta.

Lo primero es que todo está en la cabeza… Supongo que es algo que todos notamos cuando tenemos un problema. Estamos totalmente agotados y lo único que nos apetece es cerrar la persiana y, como decía Mafalda: “paren el mundo que me quiero bajar”. Gastamos demasiada energía y tiempo en cosas sin importancia. Hasta hace poco creía que era una cuestión de madurez, pero la verdad es que miro a mi alrededor y sólo veo adultos con la misma incapacidad de disfrutar el momento que un adolescente frustrado.

Y creo que no os cuento nada nuevo si os digo que el tiempo, amigos, es lo único que no podemos recuperar.

El padre de mi amiga Olaya tiene esta máxima: “Si algo tiene solución, no te preocupes, porque llegará. Y si no la tiene, ¿para qué te vas a preocupar por algo que no tiene remedio?”.

Parece de sentido común, ¿no? Será que, como dice mi mi madre, el sentido común es el menos común de los sentidos.

La segunda parte de mi teoría es que cuando nos hacemos mayores, nos volvemos más cómodos y sedentarios. Y, como deja claro este fenómeno de concienciación healthy que vemos ahora en todas las revistas, eso envejece más que soplar una vela nueva cada año.

Sin ir más lejos, el otro día en ELLE leí que, según datos de la Amat, el deporte reduce hasta en cuatro días al año la abstinencia laboral. Y no me sorprende. Al contrario de lo que pensamos, el deporte, lejos de cansarnos, nos llena de energía. Es como un premio que nos da nuestro propio cuerpo. Como un acto recíproco: si tú me das, yo te doy.

Aquí, coronada reina del sofá y los maratones de Netflix, os puedo decir que desde que hago deporte (y cuido un poco mi alimentación) he notado un cambio brutal. Mientras que antes apenas me llegaba la energía a media tarde, ahora siento que mi cuerpo y mi cabeza rinden desde que suena el despertador hasta que toca bajar la persiana. Y sólo llevo dos meses con este plan.

Además de ser una forma de canalizar la energía, te ayuda a despejar la cabeza durante unos minutos al día y, lo más importante, es una fuente de autoestima. No sólo por el resultado que ves frente al espejo, que también, sino porque te estás superando a ti misma, o a ti mismo. Superando tus excusas, tus pocas ganas, los días malos, el dolor de tus músculos y las agujetas del día siguiente.

Y todo eso, se transforma en metas y objetivos cumplidos cada día. Una estimulación que el cerebro agradece y le ayuda a que, mientras trabajamos duro para llegar a cumplir nuestros sueños algún día, no nos caigamos en los baches del camino. O, ya de caer, nos levantemos rápidamente.

Así que, a los que todavía no os hayáis contagiado por este movimiento healthy –no sexy como el de King África eh, a quien, por cierto, no le vendría nada mal leer este post- os invito a probarlo. Y cuando volváis sudorosos y con el cuerpo aún en tensión de una buena clase de body pump, de dejaros las piernas corriendo o los nudillos boxeando… Os aseguro que os sentiréis más poderosos y sólo os apetecerá ir pronto a la cama para solucionar esa nimia discusión con tu pareja o para tragaros ese por fin merecido capítulo de Netflix.

Y si os preguntan cómo lo hacéis, responderéis como mi sobrina:

– Yo nunca estoy cansada.

 

Un beso,

Carmen

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Sole dice:

    Alicia , como casi todos los niños, aún produce energía, esa que por haches o bes, genética, o porque necesitan moverse, unos más que otros, por carácter…unos son puro dinamismo, volcanes en erupción, aprendices de exploradores, y por supuesto, si ven , que en su salón, están la Tia Bambú, y sus papis, haciendo piña, ella no va a ser menos, e intenta formar parte de ese momento.

    Desde que estamos en el seno materno, ya movemos nuestro cuerpo, nos Balanceamos con la respiración , de ahí, ese vaivén que nos gusta tanto al dorminos cuando somos bebés.
    Muchas veces, con tods la lógica, necesitamos el movimiento, es necesario para: crecer, estimular las endorfinas, para sentirse alegres,mantenerse en forma, y por supuesto, es el mejor medicamento, para enfrentarse a la vida.
    No hace falta ganar medallas, ni ser deportista de elite, simplemente, unas buenas zapatillas, vestir cómodamente, y hacerte unos paseos diarios, eso, ya serviría para desajustar los nudos del día a día.
    Me alegra Carmen, que te hayas subido a esta aventura, a retomar tus inicios, cuando tú Mami + (Maria), te acunaba al respirar.

    Nada esta inventado, todo tiene un porque , ahora hay multitud de modalidades, instrumentos y aparatos, pero el movimiento es ya prehistórico.

    Un abrazo, y ánimo, comienzas una nueva aventura.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s